Muchas veces lo que tenemos no pesa, no brilla, no tiene valor económico. Por ello, desgraciadamente, no nos damos cuenta de todo lo que tenemos hasta que caemos al suelo y tocamos fondo. Somos capaces de tener un mal día y no ser conscientes que uno de nuestros malos días podría ser el mejor día para otra persona con peor fortuna en la vida. Por suerte para nosotros, nunca nos ha faltado un techo bajo el que dormir, un plato del que poder comer o una persona a nuestro lado.
Sin llegar a darnos cuenta, los que nos rodean nos regalan a cambio de nada sonrisas, besos, caricias, abrazos, lágrimas compartidas, guiños, mensajes, fotos, conversaciones. Son algunas de las pequeñas cosas que tenemos hoy y por lo que realmente somos felices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario